Acerca del Rosariazo – Por Miguel Fontán

Pasaron 48 años pero tengo aún vívidas las gloriosas jornadas de 1969.
En mayo y septiembre se dieron los Rosariazos, enmarcados en un proceso nacional de resistencia popular a la Dictadura que con Onganía a la cabeza ostentaba el pomposo nombre de “Revolución Argentina” (1966).
En 1969 ya una sólida resistencia popular había debilitado al régimen imposibilitando que concretara sus planes y resquebrajando sus fuerzas internas.
En Rosario la CGT local respondía a la “CGT de los argentinos”, surgida del comité normalizador de marzo de 1968, con Ongaro, Pafundi, Guillan, De Luca y Scipione en su dirección.
La CGT Rosario tenía por secretario general al querido compañero Héctor Quagliaro y en ATE al “Negro” Mario Aguirre.
El movimiento estudiantil venía acumulando experiencia de lucha y mártires. A Santiago Pampillión (en Córdoba) se sumará Juan José Cabral (Corrientes) y en Rosario el compañero Alberto Bello estudiante de ciencias económicas y militante de la Unión de Estudiantes del Litoral (UEL-UNE) el 17/05/1969.
Cuatro días después con motivo de la “Marcha del Silencio” que ocupó el microcentro de Rosario asesinan al Norberto Blanco, un jovencito de nuestras barriadas, de sólo 15 años.
Lanusse declara a Rosario zona de emergencia y envía al General Fonseca con tropas.
Pese al aparato militar y su amenaza la CGT convoca un paro el 23 de mayo, día del sepelio del joven Blanco.
El movimiento obrero se planta ante el régimen, pese a sus sindicatos intervenidos y sus convenciones laborales negociadas por militares.
Las jornadas de mayo tuvieron relevante presencia del Movimiento Estudiantil y el apoyo y participación del Movimiento Obrero Organizado. Fue el primer Rosariazo.
Obreros y estudiantes venían unificando sus fuerzas y planeando de conjunto sus movilizaciones y sus estrategias de lucha.
El segundo Rosariazo se da en septiembre con el protagonismo esta vez del Movimiento Obrero, lo que le da una mayor contundencia y masividad.
La férrea alianza obrero-estudiantil se materializa en la planificación conjunta de ambas fuerzas.
La Unión Ferroviaria había declarado una huelga por tiempo indeterminado el 12 de septiembre y el gobierno nacional responde con una movilización militar para acallar los conflictos que se sucedían: tomas de fábricas en Córdoba, alzamiento popular en Cipoleti (Río Negro), descarrilamientos en Granadero Baigorria y en Pergamino.

Se diagramaron cuatro columnas que partiendo de los lugares de trabajo irían confluyendo al microcentro de la ciudad. La columna sur tomó calle San Martín, la norte Av. Alberdi, la oeste por calle Córdoba, la cuarta era el propio Centro y allí se concentrarían empleados administrativos, bancarios, profesionales, empleados de comercio y estudiantes.
Hay cuestiones que nos deben quedar claras:
1º No hubo espontaneismo, se discutió y acordó la forma de lucha y la táctica de la movilización entre obreros y estudiantes. “Uds. van en la columna sur y uds en la norte”.
Me tocó la columna del oeste y avanzábamos entrando en los lugares de trabajo donde arengábamos y salíamos nuevamente a la calle, esta vez con más trabajadores.
2º La partidocracia no se expresó como tal, estábamos todos bien mezcladitos peronistas, radicales, comunistas, anarquistas y demócratas, y lo más importante, el vecindario que sin distinción de edades ni creencias apoyaba totalmente al activismo.
3º Nuestra arma principal era la justeza de la lucha y el repudio generalizado a la dictadura. Enfrentamos caballos, vehículos militares y policiales, gases, y balas, muchas balas, contra bolitas, gomeras, miguelitos y molotov.
Una experiencia de lucha necesaria que dio por tierra con esta dictadura y obligó al Partido Militar a negociar la vuelta a la democracia. No fue gratuito, tuvimos muchos muertos, sepamos aprovechar la libertad de que disfrutamos para organizarnos, formarnos y prepararnos para las nuevas luchas que se avecinan.